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Extractos de TOKIO BLUES

A nadie le gusta la soledad. Pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio. No estoy dispuesto a desilusionarme.
Lo que hace falta son pautas de conducta, no ideales.
Un caballero es quien hace, no lo que quiere, sino lo que debe hacer.
Para un cierto tipo de personas el amor surge con un pequeño detalle. Y, si no, no surge.
Cada  uno es el espejo de los demás.
Lo que nos hace personas normales es saber que no somos normales.
En este mundo hay gente  que,  a  pesar  de  estar  dotadas  de  un  talento  excepcional,  son incapaces  de  realizar  el esfuerzo  necesario  para  sistematizarlo,  y  su  talento  se  acaba malogrando.
Haya o no revolución, el pueblo seguirá sin contar para nada y tirando para adelante, día a día.
Hablar es muy fácil. Lo importante es limpiar la  mierda o  no hacerlo.
Es importante que uno encuentre buena la comida. Es una prueba de que está vivo.
Las personas, al morirnos, dejamos atrás unos pequeños y extraños recuerdos.
No te compadezcas de ti mismo. Eso sólo lo hacen los mediocres.
No tengo prisa, pero la primavera es una buena estación para empezar una nueva vida.
En una caja  de galletas hay muchas clases distintas de galletas. Algunas te  gustan y otras no. Al principio te comes las que te gustan, y al final sólo quedan las que no te gustan. Pues yo, cuando  lo estoy  pasando  mal,  siempre  pienso:  «Tengo  que  acabar con  esto  cuanto  antes y  ya vendrán tiempos mejores. Porque la vida es como una caja de galletas.
Sin duda, abril es el peor mes para estar solo.

—Ya sabes cómo son las chicas —me comentó—. Cuando cumplen veinte o veintiún años, de repente empiezan a  pensar  de  una  manera  muy concreta. Se  vuelven realistas.  Todo  lo que antes tenían de adorable empieza a parecerte vulgar y deprimente.
Cuando  uno  está  rodeado  de  tinieblas,  la  única alternativa   es   permanecer   inmóvil   hasta   que   sus  ojos   se   acostumbren   a   la oscuridad.
El  amor  que  siento  por Naoko es plácido, dulce  y transparente, pero mis sentimientos por Midori son de una naturaleza  muy distinta. Se levantan y andan, respiran y laten.
Amar a alguien es algo maravilloso y, si este sentimiento es sincero, no tiene por qué arrojar a nadie en un laberinto.
Nosotros  (con “nosotros”  me  refiero  a  la  gente  normal  y  a  la  que  no  lo  somos  tanto),  todos nosotros  somos  seres  imperfectos  que  vivimos  en  un  mundo  imperfecto.  Y  no debemos vivir de una  manera tan rígida, midiendo la longitud con una regla y los ángulos con un transportador como si la vida fuera un  depósito bancario.
La muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida.
El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esta tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar este dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le  sirva para nada la  próxima vez que  la tristeza lo visite  de  improviso.
Las cartas no son más que  un trozo de papel.  Aunque se  quemen, en el corazón siempre queda lo que tiene que quedar; por más que las guardes, lo que no debe quedar desaparece.
Haruki Murakami
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